El súperpoder de decir “NO”

Era domingo y Lucas, mi hijo mayor, comenzó a jugar con unas cucharas de madera, así que con Raúl, mi esposo, improvisamos una “batería” con unas latas de leche vacías. Ni corto ni perezoso el chiquitín de apenas 1 año comenzó a golpearlas y a hacer muchísimo ruido: proporcional a la alegría que tenía y a la nuestra de verlo feliz; y es que ver felices a los hijos es lo más gratificante de este mundo.