Una carta para mi misma en el colegio

Escrito por Diana Fuentes

Hace unos días tuve un re- encuentro vía Zoom con mis ex-compañeros de colegio y me puse a pensar en muchas cosas que ahora se, que me hubiera gustado saber mientras estaba el colegio. Mi tiempo ya pasó hace 7 años, pero hoy quiero compartirte esto a vos que aún estás ahí, que tenés un hijo(a) ahí o que simplemente buscás alguna respuesta a tus heridas del pasado; orando que sea de bendición para tu vida.

El año pasado me di cuenta que había estado lidiando por mucho tiempo con ansiedad de alto funcionamiento (un término que jamás había escuchado antes). Este tipo de ansiedad no es fácil de identificar porque en vez de dejarnos paralizados ante el temor, nos hace empujar constantemente en contra de este. Por fuera parecía tenerlo todo resuelto y ser una niña que lograba muchas cosas, pero por dentro pasaba algo muy diferente.

Esta ansiedad me hace ser alguien demasiado responsable y con una agenda siempre llena de actividades, pero lo que guía estas acciones no es el amor a la gente o el gozo de la vida, la base es el temor de decepcionar a las personas, el temor a no ser suficiente, el temor al abandono. Por esta responsabilidad es que generalmente me escogían para liderar grupos o equipos, pero nadie sabía que al ponerme en estas posiciones mi ansiedad subía de 100% a 1000%. Estar en varias actividades me “ayudaba” a ignorar la constante lucha interna.

Competencia de oratoria 2012

Jugué volleyball durante todo el colegio, y en décimo grado era parte del equipo titular, trataba de hacer el mejor trabajo posible; en cada partido me enfrentaba al temor pero cada vez que oraba algo pasaba, puedo decir que tuve encuentros sobrenaturales con Dios en la cancha. Se acercaba una competencia súper importante y varios alumnos mayores y maestros se acercaban a mí para decirme que esperaban la victoria y confiaban en mi capacidad para lograrla. Se que no era la intención de ellos, pero a causa del temor, estas palabras que debían animarme, se transformaron en un peso insostenible sobre mis hombros. El día de la final me desmoroné, el temor era tanto que solo podía llorar, por más que intentaba y oraba no podía concentrarme, no importaba quien me animara o las estrategias que me dieran, mi mente simplemente no enfocaba, estaba teniendo un ataque de ansiedad y como nadie sabía que pasaba, ni siquiera yo, nadie pudo ayudarme. Mi peor pesadilla se convirtió en realidad, decepcioné a todos, seguramente me abandonarían. Durante muchos meses después de esto, regresaba a mi casa, me encerraba en mi cuarto y lloraba hasta quedarme dormida; si estuve en depresión.

Ganadoras de SAG 2013

Me recuperé poco a poco, convenciéndome que a la próxima lo haría mejor y así fue, el siguiente año, regresamos y ganamos. Eso me hizo sentir mejor y lista para enfocar todos mis esfuerzos en conseguir mi beca soñada, una beca en la que mis papás no tendrían que pagar ni un solo centavo. Pero adivinen que… la beca no se dió y ni siquiera supe porque; el rechazo rompió mi corazón en mil pedazos y la vergüenza me evitó decirlo a mi familia, amigos y maestros. Todos esperaban que lo logrará pero lo que hice fue pretender que no me importaba; incluso otra universidad si me aceptó pero como no era la que yo quería, la ignoré. Cuando se experimenta el rechazo buscamos llenar ese vacío con algo más, así que empecé a actuar de manera irracional y caprichosa; estaba enojada con Dios pero no quería admitirlo. Intenté tan fuerte ahogar mi propio dolor que por esmerarme en perseguir una relación amorosa, ni siquiera apoyé a mi mejor amiga cuya mamá estaba en un proceso de cáncer terminal. Terminé el colegio con el corazón roto, sin ir a la universidad que quería y con amistades que pendían de un hilo.

No te cuento esto con el fin que sintás lastima por mí, la verdad todo esto me ha traído hasta aquí, me ha hecho más fuerte y más compasiva. Ahora yo puedo nombrar todas esas emociones y momentos, identificar como se desarrollaron, que poder tenían sobre mi vida y romper toda ligadura con ellos, en el nombre de Jesús. No lo había notado pero esas mismas heridas y maneras de auto-defenderme estaban causando estragos en mi vida, aún años después, hasta el año pasado que Dios, como buen Padre, intervino y puso un alto.

En mi graduación con mi hermosa madre

Tres cosas que te puedo recomendar, que me gustaría me hubieran dicho en ese momento:

  1. Habla con alguien de confianza

Hoy en día, mi mamá es mi confidente, mi consejera, trato de no esconderle nada porque se que Dios la utiliza como mi guía en la tierra y el enemigo sabía esto, así que hacía hasta lo imposible para mantenernos peleando por las cosas más tontas. Desearía haberla escuchado más y contado lo que estaba pasando.

  • No te juzgés, mirá con los ojos de Dios

Honestamente, aveces odiaba ser así, tan responsable, tan “santurrona”, tan “aburrida”, pero era mi manera de defenderme ante un mundo que “atentaba contra mí”; pero estas mismas cualidades me hacían ayudar, ser leal y hacer que cosas pintas sucedieran. Preguntale a Dios como puede usarte para amar y consolar a otros. ¡Y no, no soy aburrida, Dios me lo ha confirmado! 😀

  • Firme en la roca

A pesar de todo, considero que una cosa si hice bien y fue que no importaba cuan enojada estuviera con Dios, lo doloroso que fuera el proceso o cuan sola me sintiera, nunca abandoné mi fe en Él y eso me ayudó finalmente a encontrar la sanidad.

Te dejo está canción que mi mamá escogió para mis 15 años; ahora entiendo, ahora veo mejor que nada fue casualidad.

2 thoughts on “Una carta para mi misma en el colegio”

  1. Diana comparto cada cosa con vos. Así fue también mi vida, con unas cosas menos otras mas. Pero siempre el camino recorrido es igual a sabiduría. Los errores son aprendizaje y así nos vamos formando, abandonando la vergüenza y lidiando con el miedo poco a poco nos hacemos libres. Un abrazo y seguí adelante ❤

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    1. ¡Hola Giselle! Que bueno saber que alguien más se identifica y gracias por compartirlo con la comunidad. ¡Amén si uno se dispone a ver desde la perspectiva de Dios, todo ayuda para bien a aquellos que le aman! Amén, cada día escogiendo la libertad. ¡Un abrazo también y a la familia! 🙂

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