¿Quién crees que soy?

Describí quien sos en tres palabras. ¿Ya te puse a pensar, verdad?

Recuerdo que no me gustaba esta pregunta, me provocaba una “crisis existencial” y me daba vergüenza no saber la respuesta pero en vez de enfrentarla decidía ignorarla y contestar con cosas superficiales.

En Mateo 16: 13, Jesús hace está pregunta a los discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?

Creo que Él no preguntó esto porque dudaba quien era, sino para enseñarnos la importancia de nuestra identidad. Inconscientemente, los humanos siempre nos hacemos preguntas como: ¿Qué pensará la gente de mí? ¿Qué concepto tendrán de mí? Estamos en constante búsqueda de identidad.

¿Qué es identidad?

Identidad es sinónimo de igualdad, es un núcleo, un fundamento que nunca cambia; la base y esencia de nuestro ser.

Estamos diseñados para vivir en identidad, para tener un fundamento sobre el cual construir nuestra vida. Pero, ¿dónde encontramos esa identidad?

Muchas veces buscamos esa identidad en cosas externas, es decir de afuera hacia adentro y pensamos cosas como:

  1. Mi identidad es lo que yo hago.

Quien yo soy es definido por mis talentos y capacidades. Si canto, soy la cantante; si hago deporte, soy la deportista, si pinto, soy el artista, etc. y mi objetivo es mostrar cuan buena soy. Es parte de mi pero no me define.

  1. Mi identidad depende de lo que me pasa.

Quien soy es definido por mis experiencias de vida. Por ejemplo, si he vivido cosas difíciles debo ser “la fuerte” y no me permito ser vulnerable o amada.

  1. Mi identidad depende de los demás.

Quien soy es definido por los demás. Aveces por cuidar relaciones, me debo convertir en lo que otros quieren que seamos sin importar lo que yo realmente quiero.

¿Qué hay de malo con estos pensamientos?

Nuestra identidad no puede basarse en cosas externas porque estas no son fundamentos firmes. Mis talentos y capacidades pueden desgastarse, las cosas que vivo cambian cada día, los pensamientos de las personas cambian a cada momento; estas posiciones van a causar que este cambiando mi identidad a cada rato y eso es ¡cansado!

Ellos perecerán pero Tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero Tú eres el mismo y tus años no tendrán fin. (Salmos 102:27)

En Mateo 16:16, vemos que Pedro contesta a la pregunta de Jesús diciendo: Tú eres el Mesías, el hijo del Dios viviente; y más adelante, Jesús le dice a Pedro: Tú eres Pedro (que significa roca) y sobre está piedra edificaré mi iglesia.

¡Wooooow! ¡Pedro acababa de descubrir no solo la identidad de Jesús, sino la suya también! Y hay tres cosas importantes en ese momento que pueden ayudarnos en nuestra propia búsqueda de identidad:

  1. MI identidad es revelada por Dios.

Bendito eres, Simón hijo de Juan, porque mi Padre que está en el cielo te lo ha revelado. No lo aprendiste de ningún ser humano. (Mateo 16: 17). Solo Dios, nuestro Padre y creador, quien nos formó en el vientre de nuestra madre, sabe exactamente quienes somos, no otra persona o situación externa.

  1. Mi identidad es ser hija de Dios.

En el versículo 16:17 no podemos pasar desapercibido que Jesús habla de Dios como su Padre. Si el Padre es quien revela la identidad, eso significa que yo debo ser una hija. Esta es la base de nuestra identidad, el amor del Padre es un fundamento firme, nunca cambia, nunca falla, nunca deja de ser (1 Cor. 13:7).

  1. Mi identidad es buena.

Pedro era un pescador, un hombre impulsivo e inestable (corto la oreja a un soldado, quiso convencer a Jesús de no sacrificarse y después negó conocerlo)… ¿Por qué Jesús lo escogió a él para comenzar su iglesia? A pesar de las circunstancias, Dios sabía que Pedro era bueno, era una roca, un hombre firme y estable, solo que aún no se había dado cuenta.

¡Worshipera, en el momento que te das cuenta de tu identidad, te convertís en un arma poderosa para el ejército de Dios!

… sobre esta roca edificaré mi iglesia, el poder de la muerte no la conquistará. Y te daré las llaves del reino del cielo. Todo lo que prohíbas en la tierra, será prohibido en el cielo, y todo lo que permitas en la tierra será permitido en el cielo. (Mateo 16: 18-19)

Pedro solo marcó el precedente de lo que sería la iglesia de Cristo, una comunidad de personas con una identidad firme en Dios con el poder de declarar vida y derribar todo plan del enemigo.

Ahora te animo a que le preguntés a Dios, ¿Quién decís que soy?

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